Bonifacio


San Sebastián, 1933-2011

“Una pintura es buena cuando hay lucha. La pintura siempre es lucha a vida o muerte, en la que se puede ganar o perder. La pintura no es cuestión estética o arte decorativo: es algo que forma parte de la vida, es expresión, es testimonio, es permanencia, y mucho amor”.

Uno de los artistas vascos más reconocidos de la actualidad, Bonifacio nace en San Sebastián en 1933, pero emigra con su madre, andaluza de sangre gitana, y hermana a Francia, al comienzo de la Guerra Civil Española, al haber sido fusilado su padre acusado de miliciano del bando republicano. Un año más tarde regresan a Guipúzcoa donde ingresan en la Casa de Misericordia debido a las penurias económicas por las que pasan. Allí canta en el coro de voces blancas de la Catedral del Buen Pastor y comienza su pasión por la pintura gracias a una caja de acuarelas que le regala su maestro.

La precaria situación económica por la que pasa la familia le obliga a ejercer todo tipo de trabajos, desde botones de hotel, pinche de cocina, aprendiz de herrero, ebanista, lavadero, pescador de bajura, batería en un grupo de Jazz... hasta novillero, pero una grave cornada en la plaza de toros de Bilbao le hace retirarse del toreo activo. Seguirá siendo gran aficionado tanto el jazz como a la tauromaquia el resto de su vida.

En 1955, tras recibir el primer premio de pintura de San Sebastián,decide matricularse en la Escuela de Artes y Oficios, de la que terminaría expulsado. Aprende pintura con un pintor local y empieza su amistad con Eduardo Chillida.

1958 marca el año del nacimiento artístico de Bonifacio: protagoniza su primera muestra individual en el Ateneo de Guipúzcoa, y viaja a París donde conoce a Mompó, Modest Cuixart y a Antonio Saura.

Ya en la década de los 60 se instala en Bilbao y realiza exposiciones individuales en San Sebastián, Buenos Aires, Bilbao, Burgos y Zaragoza. El polifacético Fernando Zóbel -que le compra dos cuadros para el futuro Museo del Arte Abstracto Español - le sugiere que se instale en Cuenca donde se estaba gestando un importante entramado cultural, y ahí conoce a artistas de la talla de José Guerrero, Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Eusebio Sempere y Manuel Millares. Entabla especial amistad con Antonio Saura.

Dice Juan Manuel Bonet de esta época: “Antonio Saura fue uno de los primeros en detectar el talento de Bonifacio. Se habían conocido (...) en el París de 1958, pero la estrechísima amistad que los unió, data de por lo menos una década después: del comienzo de la estancia conquense del donostiarra. Signo inequívoco del aprecio que le tenía el ̈senior ̈ a Bonifacio es que le compró varias obras, y que algunas de ellas estaban entre las pocas que colgó en su casa de Cuenca ̈. Tenemos el privilegio de poder exponer aquí una de las obras que le compró Saura a Bonifacio.

Bonifacio vivirá en Cuenca de 1968 a 1996.

En 1970 Bonifacio entra a formar parte de la nómina de autores de Juana Mordó, la galerista más prestigiosa del Madrid de aquellos años, y su obra comienza a exponerse en centros como el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, Museo de Arte Contemporáneo de Vitoria, Museo de Arte Moderno de Bilbao... Empiezan una serie de exposiciones en toda España y fuera de ella.

En 1989 decide trasladar su estudio al madrileño barrio de Lavapies . Pasa largas temporadas en Méjico, tanto en el D:F: como en el resto del país. Recibe el encargo de diseñar veintiséis vidrieras para la catedral de Cuenca, junto con Gerardo Rueda, Gustavo Torner y Henri Dechanet.

Seis años después abandona la tutela de la Galería Juana Mordó, tras su sexta exposición, pasando a formar parte del grupo de artistas de la Galería Antonio Machón.

La muerte de su madre y la prohibición por parte de sus médicos del alcohol y el tabaco le hacen caer en una profunda depresión a las puertas del año 2000, aunque su obra sigue exponiéndose por todo el mundo.

Falleció en su ciudad natal el 16 de diciembre de 2011 a la edad de 78 años.

“Yo nunca he vivido el placer de la pintura(...). Para mí la pintura es un combate”.

Obras Expuestas

  • “Sin título”, óleo sobre lienzo, 1985.